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El fin de las musas


Después de un legado de creación artística bajo la firma de “Anónimo”, o, peor aún, la de un esposo, que servía como una suerte de “validación intelectual” ante un consumo del arte patriarcal, las mujeres están recuperando los espacios negados, tejiendo narrativas desde lo femenino y haciéndole justicia a ese grito de protesta de las Guerrilla Girls (New York, 1989), que cuestionaba la poca presencia femenina en el mundo del arte.

 

¿Tienen las mujeres que estar desnudas para entrar en el Met Museum? Menos del 5% de los artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero un 85% de los desnudos son femeninos, denunciaba el cartel que el grupo de mujeres con máscaras de gorila colocó hace 35 años frente al Museo Metropolitano de Nueva York.

 

Los años pasaron y la consciencia que generó GG frente a la desigual industria artística se palpó en mentes, camisetas y murales; sin embargo, las salas de los museos siguen invadidas de hombres que narran la realidad desde su privilegio. Según la historiadora de arte Katy Hessel, el 87% de obras albergadas en los 18 grandes museos de Estados Unidos, por ejemplo, fueron realizados por hombres (un 85% blancos).

 

Aunque pareciera que la tendencia gira en torno a la incorporación de artistas mujeres en los espacios del arte como lo hizo el Museo Reina Sofia, junto al Ministerio de Cultura, al adquirir 17 obras femeninas en el ARCO 2024 no se les puede devolver los años en los que las mujeres fueron objetos, mas no sujetos del arte.

 

Se ha hecho mucho a partir de ellas, de sus cuerpos y de sus vidas, pero quedaron encasilladas en el papel de “musas”, pero las musas callan, y el problema es que estamos acostumbrados a su silencio.

 

Yo lo estuve, hasta que Andrea me lo hizo notar, unos días atrás, en la galería Tamara Kreslley.

 

La exposición consistía en un conjunto de fotografías de la esposa del artista. En toda la colección, salía con el rostro cubierto por objetos domésticos. A nivel artístico, cuando se lo dije a Andrea, se trataba de piezas impecables, pero ella extrapoló el concepto en un problema actual: se usa a las mujeres como vehículo para expresar, pero, ¿qué expresan ellas?

 

Sin la mirada de las mujeres en museos, el cine, y las diferentes esferas del arte, estaremos ante un arte ciego, que cuenta sin haber vivido ni sentido. Solo las mujeres pueden hablar de las mujeres, y solo a través de esa mirada podemos entender lo que significa ser vista como una musa que calla.

 

Si un museo quiere transmitir, emocionar, cuestionar y protestar desde la sensibilidad de los oleos, la pintura o las texturas, debe contar con todas las voces, pues cada una de ellas se enfrenta a la realidad desde la complejidad de su propia existencia.

 

El fin de las musas se acerca.


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