El grito de un caprichoso bebé le ha quitado el protagonismo al viejo despertador de Mayra Pablo, una madre de 30 años, trabajadora informal y guerrera despiadada por sus hijos, cada madrugada se escuchan los fuertes quejidos que yacen de las barandas de una cuna de madera hasta penetrar los acostumbrados tímpanos de una madre que sabe que su día recién empieza. Son las 4 de la mañana, las formas dentro del dormitorio son casi indistinguibles por la abrumadora oscuridad, los fríos pies de Mayra se deslizan por la madera buscando sus zapatos viejos. Los encontró. Carga a su bebé, les da un vistazo a sus otros 2 hijos, camina unos breves pasos, ya pasó la sala, ahora la cocina. Se prepara un café, siente el frio escalando por sus vellos. Su hijo se calmó en sus brazos. Ya todos están dormidos. Mayra aprovecha el momento para cambiarse, agarra su cangurera, se persigna para llenarla de soles, y se encomienda al señor para que el terrible virus del que todos hablan no la atrape. Eso espera.
La actual pandemia, causada por la devastadora COVID-19, desató caos en todos los aspectos y funcionamiento de nuestro país. Estos últimos meses los temas que se apoderaron de los titulares- causando miedo colectivo- fueron sobre los miles de muertos, estadística mayor a la de muertos en manos de Sendero Luminoso, la falta de empatía ciudadana, el precario sistema de salud de nuestro país, el desempleo, la pobreza y, sobre todo, la economía del país, que se ha visto radicalmente golpeada por la situación sanitaria mundial. Se habla de una caída del PBI entre el 5- 20%-se estima que la recuperación de nuestro PBI per capita tomaría hasta 2 años en restaurarse-, y de un aumento de la pobreza entre el 5- 10%, pues son miles los trabajadores, tanto formales como informales, que han perdido su trabajo. La informalidad reina en nuestro país y según RPP, la tasa de empleo informal equivale al 66% del total de trabajadores en el área urbana, al rededor de 8 millones 646 mil 200 pe...
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